Siempre la misma canción

Decía Einstein que “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Y Sonia Fernández Vidal, que “si quieres que pasen cosas nuevas, deja de hacer siempre lo mismo”.





Esta autora, en “Desayuno con Partículas”, cuenta que cuando era niña cruzaba un pequeño parque en el que había unas rocas planas que marcaban el sendero a seguir. Estaban colocadas de forma incómoda, que obligaba a avanzar a saltitos, así que todo el mundo las evitaba y pasaban por el lateral izquierdo. Por eso la hierba dejó de crecer en ese lateral y se creó un sendero alternativo.


Un día cuando llegó al jardín vio que los jardineros habían quitado toda la hierba y ahora sólo había arena. No sabía por dónde tirar, y entonces vio a un niño que cruzaba el jardín en diagonal. Se dio cuenta de que las sendas preestablecidas habían desaparecido, y era libre de crear su propio camino.


Nuestros pensamientos y nuestros hábitos crean senderos en nuestro cerebro, por los que transitamos una y otra vez. Siempre vamos a lo cómodo, a lo que nos resulta familiar, ignorando el hecho de que somos nosotros quienes creamos nuestros caminos, los que elegimos cómo pensamos y como reaccionamos.


Mucha gente se resiste a lo nuevo, en el trabajo, en la vida, en el cine, la literatura, o la música. “Esto siempre ha sido así”. “No se ha creado nada mejor en música desde (ponga aquí su compositor top de todos los tiempos). Todos los músicos que han marcado puntos de inflexión fueron rechazados al principio. A Paganini le llamaban “il violinista dil Diabolo”. Cuando apareció el blues, con sus blue notes y sus ritmos africanos, llegó a decirse que era música diabólica, y que la blue note invocaba al Diablo. Es curioso cómo la música es capaz de generar en nuestro cerebro asociaciones con lo divino y lo maligno. Parece que los partidarios de ciertas músicas lo sean hasta extremos casi religiosos. 




Cuando el blues se electrificó (con el Blues de Chicago), los acólitos del Blues del Delta se echaron las manos a la cabeza. Y cuando se pisó el acelerador y surgió el rock’n roll, los viejos bluesmen despreciaban aquellas melodías de jóvenes melenudos. 




La historia de la música siempre ha sido innovación vs inmovilismo. Hay tantas músicas como seres humanos, porque la música es la expresión artística más primigenia, y a la vez, la más elaborada y la que es capaz de provocar sentimientos más fuertes e inmediatos. 


La música tiene que sorprender a tu cerebro, estimularlo con melodías inesperadas, caminos nuevos y giros que se salgan de lo que esperas a continuación. Si siempre escucho el mismo estilo de música, es imposible para mí no terminar aburriéndome. El cerebro necesita estímulos constantes para no entrar en modo automático. Puedes escuchar discos enteros una y otra vez, y al final los tienes tan trillados que ya no te dicen nada. Por supuesto hay músicos monumentales que dentro de su estilo buscan nuevos caminos. El blues, el rock, son estilos muy predecibles, y aunque te gusten -a mi me encantan- no puedes estar siempre con lo mismo porque llega un momento en el que sabes perfectamente lo que viene a continuación. 


Me gustan mucho AC DC, los Stones o los Zeppelin, pero ya no puedo escucharlos todos los días como antes, estoy harto. Es como leer siempre el mismo libro, o ver la misma película una y otra vez. El cerebro se acomoda y no se crean nuevas conexiones. Adoro a BB King  (y al blues en general), pero lo tengo tan escuchado que sé de memoria lo que toca, casi podría cantarlo. Decía Zappa que el rock es una piscina, y el jazz un océano. Es cierto, el jazz es infinitamente más variado, las tensiones de acordes son complejas y estimulantes y las melodías sorprendentes. El progresivo, el metal con sus variantes, el rock fusión, aportan cosas diferentes  y son más interesantes.   





Si acostumbramos al cerebro a hacer siempre lo mismo, entra en piloto automático, y siempre nos lleva por los caminos que conoce. Está bien, porque es una de las formas en las que la música beneficia la memoria, pero por otra parte provoca acomodamiento. El cerebro es vago por naturaleza, busca el camino fácil.



Al mantener tu cerebro al tanto de cosas nuevas, lo obligas a estar aprendiendo constantemente. Si todos los días escuchas la misma música tu cerebro se estimula de una forma indudablemente positiva, por el refuerzo. Pero si también lo introduces a nuevos sonidos a los que debe prestar atención, tu memoria, tu capacidad cognitiva y crítica mejoran sin que te des cuenta.


Escuchar música nueva es una forma de atención plena. Siempre que escuchas una canción nueva o un músico desconocido por primera vez tiendes a rechazarlo -a excepción de cosas muy concretas y geniales. A todos nos ha pasado lo de escuchar algo nuevo y dejar de hacer todo lo que tienes entre manos para prestar atención, porque es sublime. Pero de entrada, lo nuevo nos suele producir resistencia. Cuando lo escuchas más veces empiezas a reconocerlo, a ver su estructura melódica, y entonces tu cerebro lo acepta y lo clasifica como bueno, malo, mediocre… 


Escuchar música nueva es más difícil porque no sabemos qué es lo que va a continuación, pero si lo haces constantemente, comienzas a percibir los patrones, a unir los hilos y darte cuenta de dónde viene cada sonido, quién es la influencia de las bandas y eso te regresa a la música del pasado y te ayuda a pensar en la del futuro. Es un círculo.





Según los neurólogos, cuando escuchamos la música que nos apasiona, el cerebro pasa por dos etapas. Primero el núcleo caudado del cerebro anticipa la parte de la canción que tanto nos gusta, y luego el núcleo accumbens se activa cuando llega esa parte y libera endorfinas, nos “droga”. Pero como con todas las drogas, hay un efecto de habituación: cuanto más conocemos una canción, menos se entusiasma el cerebro. Con el paso del tiempo lo nuevo se convierte en rutina y las endorfinas desaparecen. 


Cuanto más compleja es una canción, más tarda en “hartarnos”, porque obliga a escuchar con más atención para reconocer los patrones. Una canción muy simple nos hastía enseguida. Las que aprendes rápido son las que antes te hartan.


Decía antes que la música libera endorfinas, y es como una droga. Un estudio publicado en Scientific Reports de Nature demostró que la naltrexona, un conocido antagonista opiáceo, reduce el placer de escuchar música. Y es que el sistema opioide del cerebro es el encargado de tramitar las respuestas placenteras y negativas emocionales de la música, según Daniel J. Levitin, líder del trabajo.

 

La música te gusta en general por cómo la relacionas con tu vida, ya que es una forma de crear tu identidad personal. Keneth Aigen, director del programa de terapia musical del la Universidad de New York dice que "es parte de nuestra construcción de identidad. Algunas personas dicen que eres lo que comes, pero podría decirse también que eres lo que tocas o lo que escuchas. Cada vez que escuchamos nuestra música favorita, estamos reforzando de alguna manera quiénes somos, a dónde pertenecemos y qué valoramos," asegura.


La música posee una carga sentimental que nos hace evocar épocas o momentos, por eso en las películas es tan importante. Si escuchas una canción que te gustaba con 14 años, revives lo que sentías entonces. 


Crear canciones top en las listas es algo que obedece a leyes que no se conocen muy bien, pero hay técnicas demostradísimas que los ingenieros de sonido ponen en práctica constantemente. Laura Taylor, compositora y diseñadora de sonido especializada en publicidad y videojuegos, dice que"desde el punto de vista técnico, como ingeniera y como alguien que ha grabado música, uno de los trucos que se usan es mantener la instrumentación dispersa durante las estrofas. Cuando llegamos al estribillo, la parte que todos tarareamos o cantamos a todo pulmón, se suman más instrumentos. Usamos una pared de guitarras o teclados para llenar el espacio. Algunas veces incluso se les sube el volumen a estos instrumentos".


La “canción del verano” es un ejemplo de música pensada para llegar a un gran público. El verano tiene para todos una significación especial. Luego hay canciones que simplemente son pegadizas, y otras son atemporales, y da igual que las escuches 30 años después, siguen teniendo una fuerza y una significación únicas. 


Constantemente intentamos regresar a una especie de “paraíso perdido”, y la música es el arte definitivo para ayudarte a ello. 





La música occidental se basa en siete notas (trece con los semitonos). Según una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a lo largo de los últimos 55 años, las canciones tienden a parecerse cada vez más. El estudio analizó 464.411 temas de distintos géneros musicales desde los sesenta hasta hoy, y la conclusión fue que… los modernos somos más monótonos. Comparándolo con textos, en la actualidad habría menos palabras diferentes. Esto se aplicaría a los géneros más “populares”: el rock, el pop, la electrónica. También el estudio señala que ahora la música se escucha más fuerte, ya que la compresión y la subida del volumen en los estudios es la tendencia predominante. 


El grupo Axis of Awesome demostró irónicamente hace unos años que es posible tocar hasta 50 temas con sólo cuatro acordes.Y en lo que se refiere a las letras: «na na na» es un recurso comodín al que sucumbieron hasta los Beatles. O la Tierra de las Mil Danzas de Ted Nugget, o  el «parachuru chu ruru» de Antonio Flores, por citar ejemplos conocidos. 





Hay músicos que han llegado a odiar sus “hits” principales, hartos de que siempre se los pidan en los conciertos. Yo creo que hay dos clases de publico: los que siempre quieren oír lo mismo, y los que buscan cosas nuevas. A Coltrane el público le abandonó en pleno concierto en varias ocasiones cuando presentaba cosas nuevas. EL tiempo le puso en su sitio. 




La música más “fácil” o “popular” es, según Theodor Adorno, «psicótica e infantil» y elemento fundamental de la sociedad industrial.


En fin, el arte más popular y aceptado de todos es tan variado como los gustos de la gente. Como no podría ser de otro modo. Yo soy de los partidarios de descubrir músicos nuevos, y hay gente que prefiere escuchar siempre lo mismo. Lo importante, creo, es que no pare la música.



Antonio López del Moral


Comentarios

  1. Salvo el reggaeton y la bachata, que no pare la música!! 😉

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  2. La música no deja de ser una escala combinada , como un buen libro que con las palabras, frases y tiempos acertados se convierte en obra de arte o papel pal culo. Todos nos sabemos las notas , el abecedario y algunos incluso, a conjugar verbos y sostener soles. Todo está ahí como un gran puzzle y lo difícil es encajar las piezas, esas que se pasan la lógica por el forro porque el resultado solo depende de la belleza, esa perra subjetiva.

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  3. La música no deja de ser una escala combinada , como un buen libro que con las palabras, frases y tiempos acertados se convierte en obra de arte o papel pal culo. Todos nos sabemos las notas , el abecedario y algunos incluso, a conjugar verbos y sostener soles. Todo está ahí como un gran puzzle y lo difícil es encajar las piezas, esas que se pasan la lógica por el forro porque el resultado solo depende de la belleza, esa perra subjetiva.

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